Muchas organizaciones ya informan sobre sus emisiones de carbono, pero planificar futuras reducciones de emisiones sigue siendo terreno inexplorado. Las regulaciones, los compromisos públicos y los objetivos internos están impulsando a las empresas a pensar en el futuro. Como Consultor de SAP Analytics Cloud (SAC Planning) en Swap Support, Alejandro Loke comparte cómo convertir los datos de emisiones en escenarios futuros realistas y usarlos para mejorar la toma de decisiones.
El principal motor es la regulación. Los requisitos europeos exigen cada vez más a las empresas no solo informar sobre las emisiones actuales, sino también definir las emisiones futuras y explicar qué medidas de reducción planean adoptar. Conforme a las Normas Europeas de Información sobre Sostenibilidad (ESRS) E1, las empresas deben divulgar los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) (DR E1-6), un plan de transición para la mitigación del cambio climático (DR E1-1) y las acciones y recursos asignados para alcanzar esos objetivos, incluidas las reducciones esperadas de emisiones de GEI. Esto cambia completamente el planteamiento, porque informar sobre lo que ya ha ocurrido no es suficiente.
Para las organizaciones que se comprometen públicamente con objetivos de reducción, por ejemplo, a través de la iniciativa Objetivos Basados en la Ciencia (SBTi, por sus siglas en inglés), esto se vuelve aún más importante. Una vez que los objetivos se hacen públicos, las empresas necesitan entender si van por el buen camino y si las medidas actuales son suficientes. La planificación permite comprobar si el compromiso sigue siendo realista bajo diferentes condiciones de negocio.
El mayor cambio es que la planificación introduce escenarios futuros. El reporting analiza lo que ya ocurrió, mientras que la planificación parte de la pregunta: ¿qué podría pasar a continuación bajo diferentes supuestos?
Para la planificación de reducción de emisiones de carbono, las organizaciones suelen comparar diferentes trayectorias a lo largo de un horizonte más amplio, a menudo hasta 2050, con años hito como 2030 o 2040.
Para muchas organizaciones, el punto de partida ya existe dado que SAP Analytics Cloud se utiliza para la planificación financiera. En muchos casos, el mismo entorno también abarca la planificación de personal, cadena de suministro o ventas, por lo que extenderlo a la planificación de emisiones de carbono es un paso lógico.
Mantener todo en una sola plataforma es clave porque las decisiones financieras y ESG están estrechamente vinculadas. Los programas de reducción de emisiones a menudo afectan a las inversiones, las compensaciones de carbono y los presupuestos a largo plazo. Si ambos se gestionan desde una misma plataforma, resulta mucho más fácil comprender el impacto financiero de las decisiones relacionadas con el clima.
SAP Analytics Cloud ofrece capacidades de planificación que facilitan el trabajo técnico de la descarbonización: simular diferentes escenarios, controlar quién puede ver y modificar cada dato, definir flujos de aprobación y mantener un registro completo de todos los cambios realizados. Sin embargo, lo que marca la diferencia desde el inicio no es únicamente la funcionalidad del software, sino la capacidad de diseñar un modelo de planificación que se adapte a la organización, su nivel de madurez de los datos y las decisiones que necesita respaldar.
En la práctica, el valor depende menos de la herramienta en sí y más de formar el equipo de proyecto adecuado desde el principio. La planificación de descarbonización afecta a la estrategia, los datos, la gobernanza y la toma de decisiones en múltiples departamentos. Esto requiere personas que entiendan cómo se conectan estos elementos, desde los actores internos hasta expertos en implementación, desarrollo y soporte.
Los primeros escenarios suelen centrarse en decisiones que ya están sobre la mesa pero que son difíciles de cuantificar. Por ejemplo, políticas de teletrabajo, normas de viaje más estrictas o una transición hacia vehículos eléctricos.
Un análisis de sensibilidad (what-if) permite probar esas posibles medidas de reducción de emisiones antes de que se conviertan en parte de la planificación oficial. Los equipos pueden explorar primero de forma privada cómo ciertas decisiones afectan a las emisiones futuras y solo entonces decidir si deben seguir adelante. Además, el análisis what-if ayuda a las organizaciones a entender si los objetivos actuales siguen siendo realistas o si se necesitan intervenciones más fuertes.
Uno de los muchos desafíos es la calidad de los datos. Los datos de emisiones de Alcance 1 y 2, como el consumo de energía, han tenido mayor atención por parte de las organizaciones porque afectan directamente a los costes y a la información financiera. Pero muchas categorías de Alcance 3, como los desplazamientos al trabajo, los viajes de negocio o los datos de proveedores, a menudo tienen una madurez mucho menor, por no afectar, al menos directamente, al reporting tradicional.
El Alcance 3 añade otra capa de complejidad porque las categorías más importantes difieren según el sector. Para las empresas manufactureras, las emisiones de Alcance 3, Categoría 11: Uso de productos vendidos, suelen dominar. Para muchas empresas de servicios profesionales, la Categoría 1 de Alcance 3, Bienes y Servicios Adquiridos, representa la mayor proporción de emisiones. Esta categoría a menudo no recibe la atención que merece, mientras que fuentes como servicios en la nube, hardware, licencias de software y subcontratistas pueden tener un impacto mucho mayor que los viajes corporativos. Desde que el teletrabajo se generalizó tras la COVID, el uso de la nube ha crecido rápidamente, lo que acentúa aún más esa desproporción.
Los principales factores de éxito son una gobernanza clara, la alineación entre departamentos y la capacidad de mantener el modelo conectado a las decisiones reales del negocio.
La planificación de reducción de emisiones de carbono plantea preguntas estructurales sobre supuestos, prioridades, gobernanza y la toma de decisiones. Eso requiere tanto compromiso interno como contar con expertos en implementación que entiendan cómo interactúan ESG, finanzas y tecnología en la práctica. Todo ello ayuda a las organizaciones a abordar esas cuestiones e ir más allá de la implementación técnica hacia una verdadera madurez en planificación.
El valor a largo plazo proviene de un marco de planificación que ayuda a las empresas a mantener un rumbo claro, realizar las concesiones adecuadas y convertir la ambición en un proceso que siga siendo operativo a lo largo del tiempo.